martes 22 de julio de 2008

Coleccionista


Es difícil despertar el amor... muy difícil.... Pero de vez en cuando se ve una pieza de museo que vale la pena conservar aunque sea en la fragil memoria. Aqui un recuento, que más que una declaración bastante pública de lo volátil que es quien escribe, es una especie de ayuda-memoria para la autora, que con tanto chispazo ya empieza a tener corto circuitos. Más de alguno ya ha sido olvidado, pero intento conservar aqui aunque sea una muestra de momentos que quiero recordar.


- El acordeonista ruso en la Marienplatz en München. Duró unos 15 minutos, pero fueron 15 minutos de música y magia. Se comía las uñas y tenía una línea perfecta de la muñeca al codo. De ojos tímidos y sonrisa infrecuente, no pude escuchar su voz porque era el violinista el que hablaba. Quizá es mejor así, porque ahora cuando lo recuerdo sólo escucho Invierno de Vivaldi.


- Phillipo. El italiano más dulce que pisa la tierra está en el Lago di Garda. Sonreía por mi chapurreado italiano, producto de horas y horas de El Padrino, y no sabía si odiarlo o adorarlo por eso. No recuerdo cuántos jugos de manzana me tomé, pero no debe haber entendido cómo alguien puede tener tanta sed. Bueno, valió la pena. Fueron las 48 horas con más jugo de manzana de mi vida.


- El niño del metro que se bajó en la Hauptbannhof en München. Es una mezcla perfecta entre el gallo de El Cadáver de la Novia y el niño fanático de Nietzsche de Little Miss Sunshine. Tenía la piel de un blanco casi muerto y un poco morado los párpados, el pelo medio rubio, antebrazos que sólo podría describir como los de una escultura griega que ha visto mejores días y, lo más importante, un bolso negro que ocultaba un violín. 5 minutos.


- El hombre-escultura en Londres. No sé si fue la ropa de época, la pintura blanca que lo bañaba por completo o la fugaz sonrisa lo que me derritió, pero, pensándolo bien, creo que fue la idea de un hombre que no hablara y que se moviera sólo cuando tú quieres. Sería una idea interesante. Me quedé un buen rato contemplando la estatua y mirando a la gente que le tiraba monedas con el Támesis como fondo. 1 hora; 2 fotos.


- El gondolero de Venecia. A pesar del gorrito ridículo, me encantó. Quizás fue por el lugar y era tiempo de carnaval; tal vez porque cantaba en italiano. Estoy segura que sin ropa de gondolero ni siquiera lo habría notada, creo que era uno más de esos italianos producidos. 25 minutos; antebrazos: un 7.

5 comentarios:

invest stock market dijo...

very nice! hahahahaha

Muriel dijo...

Exeleeeente!

Ibar Zenteno dijo...

me siento responsable el de q hayas coleccionado a uno es especial, porque te di ideas de que hacer para entablar mas que una mirada!
ajajaj

besos!

Manolete dijo...

No hay recuerdos de algun cholo chileno?, el olor de las sopaipillas mezclado con el de la micro en mapocho, no hay nostalgia por la caminatas del puerto entre los condenados a no ser vistos y las correteadas a piedrazos por besar barato?...

вea dijo...

estoy volviendo al mundo blog, ya vuelvo vuelvo vuelvo!!!

necesito inspiracion mujer, el GURU NECESITA A SU MUSO! =(