
No hay mejor terapeuta que uno mismo. Nadie me conoce mejor que yo misma, bueno siempre me he encargado de que así permanezca. Y así, después de unas cuantas conversaciones en los pilares y caminatas silenciosas entre los árboles llenas de introspección, presento aquí mis resultados para que nunca sean corrompidos por la frágil memoria.
Harto se ha hablado ya del pésimo hábito que constantemente practico en lo que al indefinido ámbito del amor se refiere. No sé si yo tengo razón, no sé si cualquiera pueda tener razón en esta materia, pero me embarcado en un proyecto con el que pretendo salvar mi vida. Ahora me sincero conmigo misma y con los que han tenido que soportarme todos los días, de lo que estoy muy agradecida.
Siempre me he rehusado, y me temo que siempre lo haré, a cambiar amores platónicos por reales. Cada vez que sólo ha hecho falta una palabra mía, decido quedarme callada, cada vez que la otra parte ha verbalizado sus sentimientos yo miento y corro sin mirar atrás. Si, ya sé que soy una mala persona, pero no puedo evitarlo, todo se desvaneció al oir esas palabras. Bien, con mis manos temblando ahora intento explicar la razón de mi comportamiento.
He tenido una vida bastante independiente y siempre, siempre he sido yo la que lleva las riendas de mi vida. No puedo concebir la idea de que cualquier fibra de mi ser sea dependiente de otra cosa, llámese lugar, acontecimiento o persona. No puedo entregarle ninguna parte de mi a nadie, no soy capaz. Quizás ahora parezco una egoísta incapaz de amar, tal vez lo soy, pero he tratado de evitarlo, he compartido algunos sentimientos pasajeros, pero siempre estoy más cómoda si me enclaustro. Ahora quizás es más fácil entender el platónico deporte que practica mi corazón, pero eso no es todo.
Consciente de mi egoísmo, siempre he sabido que no podría hacer que otra persona tenga que soportarlo. Ya es suficiente castigo que yo tenga que lidiar con mis demonios, no podría soportar compartirlos con otro. Y, claro, siempre puedo mantenerlos presos adentro, pero tampoco me parece justo que la otra persona no sepa en qué se metió.
No dudo de mi capacidad de amar, ya he visto a ese huracán pasar por aquí, pero si dudo de que sea capaz de comprometerme, and that shrew will not be tamed, I fear. Alguien podría contra-argumentar que mi debilidad por lo platónico prueba justamente lo contrario, que demuestra que no siempre estoy en control porque yo no decido a quién hacer el rey del mundo de las ideas, mientras todos seguimos en la caverna. Pero yo estoy convencida de que esta afición mía es fiel reflejo de mi necesidad de control: claro que yo no decido enamorarme, pero estoy segura de que yo decido prolongar el sufrimiento. Yo controlo el hecho de que ese amor no deje nunca, bajo ninguna circumstancia, deje de ser un concepto inalcanzable.
Espero haber transparentado el motivo de mis silencios, mi aislamiento y mi necesidad de correr lejos y escapar.

4 comentarios:
yo te presento entonces la teoría del gato de alicia en el país de las maravillas...
si no te sientes capaz de verbalizar tus sentimientos, y la otra persona lo hace (el gato en este caso)...y tu arrancas, corres a perderte....el gato va a estar esperándote a dónde tu llegues. Lo que pasa es que el gato TIENE que ser el indicado para que te des cuenta que va a estar en todas partes!
cuando tu saliste a comprar el zapallo, él ya va a haber comida 2 platos de cazuela..
Y esa es mi teoria del gato de alicia, el que está en todas partes cuando 1. es el indicado y cuando 2. no queremos aceptarlo, pero si esta ahi es por algo..y habrá que eventualmente enfrentarlo!
besos linda!
fe de erratas: ya va haber comido*
Tengo que sentirme responsable parcial de esta confesión?
Anita!! Creo q te conozco más de lo que piensas (no te asustes ajajaj).
Eres la mejor, sin duda.
Publicar un comentario en la entrada