
Caminando por mi querido barrio en Santiago descubrí otro lugar que aún tiene alma. Justo en la intersección de Roberto del Río con Las Hortensias en Providencia hay una plazoleta con juegos para niños y varias bancas. Como iba con demasiado tiempo de sobra hacia el lugar al que me dirigía decidí sentarme por unos minutos y leer rodeada de gritos de niños y mamás disfrutando por poder pasar un rato con adultos. No pasaban autos y los pocos edificios despersonalizados que habían (y que están invadiendo esta pobre ciudad como bárbaros con sed de homogenización desafecto) eran tapados por árboles de varios tipos.
Fueron sólo quince minutos, pero los fueron de paz y tranquilidad. Y aunque probablemente parecía una loca ahí porque era la única sin niños que cuidar, fue natural y un respiro de aire fresco. Hay pocos paraísos en Santiago, pero sólo tenemos que permitirnos encontrarlos o permitir que nos encuentren.
